Nadie sabe todavía cuál será la escala de la actual crisis económica mundial. Lo que sí sabemos es que las mujeres y los niños de los países en desarrollo sufrirán la mayor parte del impacto. Lo que comenzó como crisis financiera en los países ricos ahora se está profundizando y transformando en una crisis económica mundial que está afectando gravemente a los países en desarrollo. Ya está obstaculizando el progreso hacia la reducción de la pobreza.
Las respuestas en materia de políticas basadas en los roles de las mujeres como agentes económicos pueden lograr mucho para mitigar los efectos de la crisis sobre el desarrollo, especialmente porque son las mujeres, más que los hombres, quienes invierten sus ingresos mayormente en la salud y la educación de sus hijos. Es preciso efectuar inversiones en salud pública, educación, cuidado de los niños y otros servicios sociales. Así se mitiga el impacto de la crisis sobre toda la familia y se eleva la productividad, lo cual conduce a una economía más saludable. Proteger los adelantos ya logrados Las inversiones en educación y salud para las mujeres y las niñas se vinculan a aumentos en productividad, rendimiento agrícola e ingreso nacional, todos contribuyen al logro de los ODM.
Las inversiones que realice el gobierno pueden elevar las tasas de matriculación escolar, reducir la discrepancia de género en la educación, acercar medicamentos que salvan vidas a las personas que viven con el SIDA, ampliar la prevención del VIH, distribuir mosquiteros impregnados con insecticidas para prevenir el paludismo y mejorado la salud infantil gracias a la inmunización.